Últimamente he podido ver cómo el mercado de la energía renovable lleva ya el suficiente tiempo de moda como para dejar de ser una cosa rara y de verdes radicales para convertirse en una opción más de negocio (especialmente las fuentes de energía más desarrolladas). Por ello y sin quitar la vista de encima a este mercado que será la base del futuro crecimiento económico permitiendo la independencia económica y con ello un mayor crecimiento; esta vez quiero centrarme en la EFICIENCIA.
Dada la amplitud del término antes de nada quería definir basicamente el concepto, que se centra en la posibilidad de obtener más con menos.
El otro día leía un artículo pequeñito en una web olvidada que mezclaba un poco de todo para terminar acusando a la gente que busca la eficiencia de provocar la difusión del sida (ahora mismo no se donde quedó el documento pero prometo buscarlo).
Y el problema es que el concepto de tener más con menos a veces nos lleva a querer más y más y eso no puede ser. Viviendo donde vivimos y viviendo como vivimos, yo personalmente me conformaría con poder vivir así y mejorar en la medida de lo posible, reduciendo o al menos manteniendo el gasto,daño o explotación que hacemos de la tierra.
En este post quería centrarme en la eficiencia en la cosntrucción, creo que el futuro pasa por consumir menos de lo que consumimos y mantener nuestro nivel de vida y esto se ve claramente en la construcción sostenible, bioconstrucción o cualquier otro término.
Esta filosofía basa sus principios en optimizar todos los aspectos de las viviendas, oficinas y cualquier edificación.
El mero hecho de plantearse como hacerlo ya aporta grandes ventajas en el momento de habitarlo, puesto que la simple localización y orientación tienen unos beneficios muy notorios. Esta historia podría parecer cara o de dudosa rentabilidad, pero la verdad es que desde hace años se viene haciendo de forma más o menos exhaustiva y sus resultados han sido analizados por múltiples entes públicos y privados.
Básicamente se reduce entre un 30 y un 40% de los consumos habituales de un inmueble, reportando por ello un beneficio tangible en la vida últil de un edificio que oscila entre los 130 y los 600 euros por metro cuadrado ( VAN a 20 años) lo cual implica que no sólo se recupera la inversión en 4-5 años sino que se obtiene beneficios, lo cual convierte este tipo de construcciones en opciones de inversión muy tentadoras dada su bajo nivel de riesgo y alta rentabilidad relativa.
Muestra de ello es que muchos fondos de inversión inmueble americanos han adquirido de forma preferente edificios con certificado de eficiencia.
Todo esto puede que no sea la solución a los problemas pero reducir el consumo, mientras otros reducen el coste medioambiental del consumo restante, es trabajar en la misma dirección y eso siempre ayuda.